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  Lo que dijo Krishnapada Swami

 

Diez Prácticas para la Integridad

 

    Para lograr relaciones significativas con miembros del sexo opuesto, debemos convertirnos en seres humanos íntegros que no tienen necesidad de buscar soluciones fuera de sí mismos. En cambio, debemos aprender a recurrir dentro de nosotros y conectarnos con realidades espirituales más elevadas. ¿Cómo hacemos esas conexiones? Los siguientes diez puntos y prácticas, que resumen gran parte de lo que he tratado hasta aquí, brindan pautas para acceder a la integridad que puede servir como cimiento para una fuerte y perdurable relación con una pareja.

 

           

1.    Debemos aprender a querernos a nosotros mismos. Como hemos visto, aquellos que no se quieren a si mismos no pueden dar a los demás. Un aspecto del  auto amor es observar cuatro principios básicos: nada de drogas o intoxicación, nada de juegos de azar, no al sexo ilícito y no comer carne. Todas estas complacencias pueden debilitar nuestra constitución básica. Cuanto más nos permitimos vivir de acuerdo con leyes naturales, nos tornamos más rendidos a la voluntad de Dios. Si nos falta autoestima, nos estamos negando a vernos como criaturas de Dios y no tenemos suficiente amor y devoción para compartir con ningún otro.

 

2.    El amor que recibimos de nuestra pareja en realidad proviene del Señor, y nuestra tarea es enviarlo de vuelta. Otras personas canalizan el amor de Dios hacia nosotros, y nosotros canalizamos Su amor hacia otros. El Señor nos pone en juego para ver que hacemos con Su amor. Podemos retribuir el amor de Dios queriendo a nuestra pareja con gran devoción, como si Dios mismo estuviera presente. Nuestra pareja pasa a ser un sendero por el cual podemos devolver nuestro amor a Dios.

 

3.    El amor no tiene etiqueta de precio. No es un acuerdo de negocios o un contrato con una cláusula de salida para circunstancias difíciles. No podemos aproximarnos al Señor con humor de regateo, y no deberíamos iniciar nuestras meditaciones y oraciones con una extensa lista de compras. Las oraciones de estas características no están basadas en amor inmotivado e incondicional y no nos ayudan a desarrollar la conciencia superior necesaria para nuestra integridad.

 

       No necesitamos recordarle nuestras necesidades a Dios. Cuando más aceptemos el hecho de que nuestras vidas están bajo el control de Dios, más comprendemos que la verdadera oración significa: “Hágase Tu voluntad”. Cuando podemos ofrecer esa oración con sinceridad, nos estamos haciendo más integrales.

 

4.      Debemos ir más allá que meramente amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Deberíamos en realidad amar a los demás – especialmente a nuestra pareja – aún más de lo que nos amamos a nosotros mismos. Cuando amamos a nuestras parejas tanto nos damos cuenta que nos fueron dadas como regalos de Dios y que no somos sus dueños. Somos sencillamente guardianes en nombre del Señor, y que nuestra responsabilidad es cumplir los deseos del Señor con respecto a ellas. Cualquier intento de dominarles es repugnante. En cambio, deberíamos hacer esfuerzos para resaltar sus cualidades superiores – una práctica que también hará resaltar nuestra naturaleza superior.

 

5.      Siempre deberíamos visualizarnos como amor en acción, portando amor dondequiera que vayamos, tan llenos de amor que naturalmente rebalsa hacia los que encontramos. En este estado mental, servimos como representantes del Divino en todos los aspectos de nuestras vidas.

 

Podemos practicar el amor en acción a través del aliento. Al inhalar, nos visualizamos absorbiendo el dolor y la frustración de nuestros seres queridos; al exhalar, enviamos felicidad, dicha, amor y paz de vuelta a ellos. En realidad, esto no es simplemente una práctica para ayudar a quienes están cerca de nosotros, sino que también al mundo entero. Inhalamos nos inquietamos. No estamos inconcientes a los problemas de los demás. Queremos ayudar. Exhalamos: estamos enviando amor, compasión y curación. Esto no es sencillamente un ejercicio ocioso. Tiene un impacto potente, y si observamos el proceso a través del tiempo, seremos testigos de los efectos beneficiosos en los demás.

 

6.      Percibe tu relación con tu pareja como parte integral de tu relación con el Señor. Aquí hay una práctica que puede ayudar. Visualiza un triángulo con vértices A, B y C. Tu eres A, tu pareja es B y el Señor que reside en el corazón es C. Haz un acuerdo con tu pareja para formar este triangulo como un vinculo permanente entre ustedes, para que cuando mediten, canten o  recen, estés en contacto con tu pareja y con el Señor. No tienen que necesariamente meditar juntos o meditar en la conexión simultáneamente. El acuerdo entre ustedes funcionará en cualquier momento y en cualquier lugar.

 

7.      Comparte tus percepciones espirituales con tu pareja, asistiendo a elevar su conciencia junto a la tuya. Entonces la relación entre ustedes será de crecimiento y aceleración. A veces tememos a la rendición en la vida espiritual, temerosos de tener que sacrificar nuestra identidad. Pero deberíamos comprender que rendirnos al Supremo es una oportunidad de  recuperar nuestra identidad plena. Sin una dimensión espiritual en nuestras vidas, no somos íntegros y no podemos experimentar amor profundo.

 

8.      Practica ofrecer a todos la misma calidad de amor que sientes por tu pareja. En otras palabras, extiende a los demás el amor que tienes hacia el ser más amado en tu vida – pero sin el componente sexual. Podríamos preguntarnos como restar el elemento sexual. Sólo recuerda que sexo y amor no son necesariamente sinónimos. Nuestro amor por nuestros hijos puede ser extremadamente intenso sin trasfondos sexuales. No importa cuales sean las circunstancias, trata de producir la misma forma de amor en cada una de tus relaciones.

 

Todos conocemos la dulzura de amar a una sola persona. ¿Puedes imaginar cuánto más dulce sería tener esos mismos sentimientos para con todos? Piensa en los intercambios amorosos que se podrían producir, la reciprocidad que enriquecería nuestras propias vidas y las vidas de otros. Felicidad inimaginable, dicha y satisfacción sería nuestra cuota diaria. Ya no dependeríamos de individuos en particular para que nos brinden esta experiencia, porque comprenderíamos que estamos particularmente buscando a Dios. Cuanto mejor comprendemos que Dios está en cada persona, más experimentamos al Divino, y más el Divino nos hará íntegros.

 

9.      Trata de crear relaciones competitivas. Al principio, esto puede parecer extraño y contradictorio. ¿Cómo podemos hablar de cooperación, compartir y desinterés, y luego recomendar competitividad? Pero en realidad no existe contradicción. En un contexto espiritual, competitividad significa que bregamos por ser más desinteresados que nuestra pareja, viendo quien puede dar más. Competimos recordando a nuestra pareja sobre el Supremo y alentando a esa persona para ir más rápidamente hacia el Señor. El fin de la competencia es asistir el uno al otro en el crecimiento espiritual.

 

Este proceso es sólo para gente que desea ser espiritual, que busca experiencias superiores más allá de los oscilantes placeres de la vida material. Tal competencia de desinterés alienta a las parejas a recordar porque están en este cuerpo – para convertirse nuevamente en entidades amorosas devotas del Señor.

 

10. Trata todas las relaciones como práctica en la preparación  para las culminantes relaciones divinas en el reino de Dios. Esto significa que deberíamos practicar ver a nuestra pareja  como agente de Dios, reconociendo nuestra propia naturaleza divina, y recordando que somos hijos de Dios para quienes están a disposición grandes percepciones y placeres. Solamente en el reino de Dios encontraremos el amor y la relación eterna que deseamos tan profundamente.

 

En este momento, estamos viviendo en una escuela de despliegue para ayudarnos a experimentar el amor mucho más allá de lo que podemos actualmente imaginar. Para eso, debemos poner a Dios en el centro. El Señor está en el corazón de todos, disponible para guiarnos. Pero no podemos volver al hogar si creemos que somos simplemente seres físicos en busca de felicidad con el sexo opuesto. Podemos retornar cuando aceptamos que somos hijos de Dios que tienen la oportunidad de estar con nuestro Madre-Padre Dios amoroso en el reino eterno. Ese es nuestro derecho natural.

 

Nos acercamos un paso más a ese reino eterno cada vez que vemos una situación como expresión de la divinidad de Dios, o cada vez que nos comportamos como el guardián de otro y no como un abusador o un explotador. Recuerda, ¡cuando vivimos en tan elevado estado de conciencia encontramos divinidad por doquier, hasta que finalmente comenzamos a experimentar los reinos del mundo espiritual estando en el cuerpo mortal!

(Terminado)

           

Del Libro Guerrero Espiritual, Transformando

la Lujuria en Amor por S.S. Bhakti-Tirtha Swami

 

 

 

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