|
1. Debemos aprender a querernos a nosotros mismos. Como
hemos visto, aquellos que no se quieren a si mismos no pueden dar a los
demás. Un aspecto del auto amor es
observar cuatro principios básicos: nada de drogas o intoxicación, nada de
juegos de azar, no al sexo ilícito y no comer carne. Todas estas complacencias
pueden debilitar nuestra constitución básica. Cuanto más nos permitimos
vivir de acuerdo con leyes naturales, nos tornamos más rendidos a la
voluntad de Dios. Si nos falta autoestima, nos estamos negando a vernos
como criaturas de Dios y no tenemos suficiente amor y devoción para
compartir con ningún otro.
2. El amor que recibimos de nuestra pareja en
realidad proviene del Señor, y nuestra tarea es enviarlo de vuelta. Otras
personas canalizan el amor de Dios hacia nosotros, y nosotros canalizamos
Su amor hacia otros. El
Señor nos pone en juego para ver que hacemos con Su amor. Podemos retribuir
el amor de Dios queriendo a nuestra pareja con gran devoción, como
si Dios mismo estuviera presente. Nuestra pareja pasa a ser un sendero por
el cual podemos devolver nuestro amor a Dios.
3. El amor no
tiene etiqueta de precio. No es un acuerdo de negocios o un contrato con
una cláusula de salida para circunstancias difíciles. No podemos aproximarnos al Señor con humor de
regateo, y no deberíamos iniciar nuestras meditaciones y oraciones con una
extensa lista de compras. Las oraciones de estas características no están
basadas en amor inmotivado e incondicional y no nos ayudan a desarrollar la
conciencia superior necesaria para nuestra integridad.
No
necesitamos recordarle nuestras necesidades a Dios. Cuando más aceptemos el
hecho de que nuestras vidas están bajo el control de Dios, más comprendemos
que la verdadera oración significa: “Hágase Tu voluntad”. Cuando podemos
ofrecer esa oración con sinceridad, nos estamos haciendo más integrales.
4.
Debemos
ir más allá que meramente amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Deberíamos en realidad amar a los demás – especialmente a nuestra pareja –
aún más de lo que nos amamos a nosotros mismos. Cuando amamos a nuestras parejas tanto nos damos
cuenta que nos fueron dadas como regalos de Dios y que no somos sus dueños.
Somos sencillamente guardianes en nombre del Señor, y que nuestra
responsabilidad es cumplir los deseos del Señor con respecto a ellas.
Cualquier intento de dominarles es repugnante. En cambio, deberíamos hacer
esfuerzos para resaltar sus cualidades superiores – una práctica que
también hará resaltar nuestra naturaleza superior.
5.
Siempre
deberíamos visualizarnos como amor en acción, portando amor dondequiera que
vayamos, tan llenos de amor que naturalmente rebalsa hacia los que
encontramos. En este estado mental, servimos como representantes del Divino
en todos los aspectos de nuestras vidas.
Podemos practicar el amor en acción a través del aliento.
Al inhalar, nos visualizamos absorbiendo el dolor y la frustración de
nuestros seres queridos; al exhalar, enviamos felicidad, dicha, amor y paz
de vuelta a ellos. En realidad, esto no es simplemente una práctica para
ayudar a quienes están cerca de nosotros, sino que también al mundo entero.
Inhalamos nos inquietamos. No estamos inconcientes a los problemas de los
demás. Queremos ayudar. Exhalamos: estamos enviando amor, compasión y
curación. Esto no es sencillamente un ejercicio ocioso. Tiene un impacto
potente, y si observamos el proceso a través del tiempo, seremos testigos
de los efectos beneficiosos en los demás.
6.
Percibe tu relación con tu pareja como
parte integral de tu relación con el Señor. Aquí hay una práctica que puede ayudar. Visualiza un triángulo con
vértices A, B y C. Tu eres A, tu pareja es B y el Señor que reside en el
corazón es C. Haz un acuerdo con tu pareja para formar este triangulo como
un vinculo permanente entre ustedes, para que cuando mediten, canten o recen, estés en contacto con tu pareja y
con el Señor. No tienen que necesariamente meditar juntos o meditar en la
conexión simultáneamente. El acuerdo entre ustedes funcionará en cualquier
momento y en cualquier lugar.
7.
Comparte tus percepciones espirituales
con tu pareja, asistiendo a elevar su conciencia junto a la tuya. Entonces
la relación entre ustedes será de crecimiento y aceleración. A veces tememos a la rendición en la vida
espiritual, temerosos de tener que sacrificar nuestra identidad. Pero
deberíamos comprender que rendirnos al Supremo es una oportunidad de recuperar nuestra identidad plena. Sin una dimensión espiritual
en nuestras vidas, no somos íntegros y no podemos experimentar amor
profundo.
8.
Practica
ofrecer a todos la misma calidad de amor que sientes por tu pareja. En
otras palabras, extiende a los demás el amor que tienes hacia el ser más
amado en tu vida – pero sin el componente sexual. Podríamos preguntarnos
como restar el elemento sexual. Sólo recuerda que sexo y amor no son
necesariamente sinónimos. Nuestro amor por nuestros hijos puede ser
extremadamente intenso sin trasfondos sexuales. No importa cuales sean las
circunstancias, trata de producir la misma forma de amor en cada una de tus
relaciones.
Todos conocemos la dulzura de amar a una sola persona.
¿Puedes imaginar cuánto más dulce sería tener esos mismos sentimientos para
con todos? Piensa en los intercambios amorosos que se podrían producir, la
reciprocidad que enriquecería nuestras propias vidas y las vidas de otros.
Felicidad inimaginable, dicha y satisfacción sería nuestra cuota diaria. Ya
no dependeríamos de individuos en particular para que nos brinden esta
experiencia, porque comprenderíamos que estamos particularmente buscando a
Dios. Cuanto mejor comprendemos que Dios está en cada persona, más
experimentamos al Divino, y más el Divino nos hará íntegros.
9.
Trata de
crear relaciones competitivas. Al principio, esto puede parecer extraño y
contradictorio. ¿Cómo podemos hablar de cooperación, compartir y
desinterés, y luego recomendar competitividad? Pero en realidad no existe
contradicción. En un contexto espiritual, competitividad significa que
bregamos por ser más desinteresados que nuestra pareja, viendo quien puede
dar más. Competimos recordando a nuestra pareja sobre el Supremo y alentando
a esa persona para ir más rápidamente hacia el Señor. El fin de la
competencia es asistir el uno al otro en el crecimiento espiritual.
Este proceso es sólo para gente que desea ser
espiritual, que busca experiencias superiores más allá de los oscilantes
placeres de la vida material. Tal competencia de desinterés alienta a las
parejas a recordar porque están en este cuerpo – para convertirse
nuevamente en entidades amorosas devotas del Señor.
10. Trata todas las
relaciones como práctica en la preparación para las culminantes relaciones divinas en
el reino de Dios. Esto significa que deberíamos practicar ver a nuestra
pareja como agente de Dios, reconociendo nuestra propia naturaleza divina, y
recordando que somos hijos de Dios para quienes están a disposición grandes
percepciones y placeres. Solamente en el reino de Dios encontraremos el
amor y la relación eterna que deseamos tan profundamente.
En este momento, estamos viviendo en una escuela
de despliegue para ayudarnos a experimentar el amor mucho más allá de lo
que podemos actualmente imaginar. Para eso, debemos poner a Dios en el
centro. El Señor está en el corazón de todos, disponible para guiarnos.
Pero no podemos volver al hogar si creemos que somos simplemente seres
físicos en busca de felicidad con el sexo opuesto. Podemos retornar cuando
aceptamos que somos hijos de Dios que tienen la oportunidad de estar con nuestro Madre-Padre Dios amoroso en el reino eterno. Ese
es nuestro derecho natural.
Nos acercamos un paso más a ese reino eterno cada
vez que vemos una situación como expresión de la divinidad de Dios, o cada
vez que nos comportamos como el guardián de otro y no como un abusador o un
explotador. Recuerda, ¡cuando
vivimos en tan elevado estado de conciencia encontramos divinidad por
doquier, hasta que finalmente comenzamos a experimentar los reinos del
mundo espiritual estando en el cuerpo mortal!
|